El manotazo del tirano
Resulta sencillo imaginarse la escena donde un colérico déspota, rodeado de sus más fieles y abyectos cofrades, puntualiza una orden mediante un manotazo en la mesa para demostrar inexistente determinación. Pero el manotazo debe trascender, la rabieta debe ser escuchada hasta por aquellos que no tienen ni idea de lo que acontece día a día. Por lo tanto el manotazo deviene en amenaza que la oposición debe escuchar y atender, eso si, de forma muy seria.
El criminalizar por decreto la protesta civil responde a una debilidad al interior del gobierno de facto que le impide lograr contacto con los sectores de la población que no están, ni lo estarán, de acuerdo con el proceder que acarrea muertes innecesarias en nombre de una guerra que se comprueba como farsa. Esta ruptura se puede apreciar mejor cuando se observa el chantaje institucional que comienza a inundar los comunicado oficiales de un contenido similar a: “El Gobierno Siempre Tiene La Razón”. Pero “La Razón” es materia subjetiva, tanto que existen tribunales para dirimir su protestad entre antagonistas; por ello no se entiende que bajo la presunta institucionalidad que, se dice, impera en el país, se reaccione de forma contraria. Estas son las contradicciones que confirman la existencia de un régimen déspota.
Criminalizar a las víctimas (directas o colaterales) es un signo absoluto de deshumanización que ejerce la política conservadora del actual régimen, contrario (una vez más) a la serie de valores que pregonan como eje rector. Hipocresía, en un término más asequible. Resulta obvio que el ocupante de Los Pinos refleja no sólo la aceptación de la ilegitimidad de su guerra (ya que, de no serlo, ¿por qué no confiar en un tribunal internacional?) sino un exaltado sentido de revancha que escapa de lo personal para hacerlo oficial.
Lo único cierto con lo que contamos son con las muertes, la violencia, la represión; eso no está en duda ni se requiere de fórmula legal alguna para confirmarlos como hechos tangibles.
Tampoco se puede negar lo intolerable que se muestra la realidad nacional.






Los crímenes para y del Estado Mexicano simplemente ¡No existen!