Entre líneas: Los muertos son herramientas
Parte de la estrategia de los medios dedicados a la manipulación de la la información es la de focalizar el interés por los sucesos en base a grupos sociales bien definidos, ponderando el estatus económico de quienes están involucrados en la nota.
Es de esta forma que los medios, junto con los intereses que estos representan, obtienen de la opinión pública la simpatía que de otra forma no obtendrían dado el tangible enfrentamiento de clases sociales que arrastró por consecuencia de la elección de 2006. Consideremos como los medios consignan y difunden la información referente a los hechos que derivaron en la muerte de estudiantes del Tecnológico de Monterrey en los cuales enfatizan dos aspectos:
1) Los estudiantes estaban en un plantel al que acuden personas de alto poder adquisitivo.
2)Estos fueron muertos a consecuencia de una catástrofe de seguridad pública.
De la anterior combinación de circunstancias podemos entender la gravedad de los eventos. Sin embargo no nos detenemos a considerar que esas lamentables pérdidas, y la magnificación mediática de esta, representan a un grupo socioeconómico que históricamente no ejercita su derecho a la justicia por los medios institucionales sino por otros medios como el compadrazgo y el amiguismo.
Abordar la gravedad de los grandes problemas del país usando como parámetro qué tanto las clases pudientes son afectadas se antoja muy injusto para aquellos sectores sociales desprotegidos de las garantías del estado.
Ya antes hemos visto como las pérdidas de los poderosos e influyentes son tratadas mediáticamente con especial atención y sin fin de consideraciones; sin embargo el resto de los ciudadanos no debemos perder de vista los hechos que hay detrás de toda esa violencia que no es privativa de ninguna clase social.
Antes de la crisis de 1995 se creía que los delitos como el secuestro y la extorsión eran males que padecían la clase pudiente. Con el tiempo hemos visto que no es así y que por tanto es obvio que si bien no compartimos la riqueza al menos tenemos las mismas desgracias.
Consecuentemente la exigencia de la justicia debe ser en el mismo tono y con las misma expectativas.





