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Alianzas y Rupturas

January 27, 2010

Es inevitable que cuando una alianza se fragua una ruptura ocurre de forma parelela. El reciente reconocimiento que Gabino Cué, senador oaxaqueño por el partido Convergencia, dió a Felipe Calderón como presidente de la república en aras de una inminente candidatura a gobernador del estado tomó por sorpresa, sobre todo, a ciudadanos, simpatizantes de AMLO y, hasta es posible, a los mismos adversarios de los anteriores grupos mencionados. Otro aspecto del discurso de Gabino Cué, para justificar su nueva institucionalidad, se refiere a que el estado de Oaxaca necesita de medidas drásticas para desarraigar al PRI del poder que ha venido detentando históricamente en la entidad. Es así que el otrora declarado integrante del FAP ahora simplemente se deslinda de toda responsabilidad moral y sin más busca al PAN para que le apoye en su candidatura. Sin pudor alguno asegura que: “Queremos que los partidos pasen a segundo término, para eso es una transición. Pero esto es por etapas“.

Sin embargo Gabino Cué no es el único que ha dado vuelta a sus propias aseveraciones para hacer lo opuesto sin el mínimo recato. Juan Sabines, gobernador de Chiapas, también dejó con un palmo de narices a todos aquellos que votaron por él en la elección de 2006. De extracción, y familia, priísta, Sabines llegó como candidato de PRD, PT y Convergencia en coalición que terminó como colisión ya que, nada más ganando la gobernatura, se desconoció como integrante de alguno de esos partidos para regresar a su guarida de villanos priístas. Es claro que unos ganan, otros pierden, unos traicionan sus propios dichos y otros tragan camote ante la imposibilidad de hacer algo. De todos ellos los más defraudados son los de siempre: los de abajo. De esa ciudadanía se extrae, cual recurso natural renovable, los votos necesarios para simular que existe una democracia y soberanía al momento de sufragar una decisión. Pero la práctica nos sigue demostrando que el ejercicio de la democracia en México es una farsa bien diseñada, y hasta promovida como un valor de una sociedad moderna, con el único fin de reciclar a los mismos hombres en los distintos puestos del presunto servicio público.
Las alianzas electorales han restado el valor del sufragio al convertirlo en mercancía con la cual es posible especular. Las onerosas campañas electorales están más que injustificadas debido a que el convencimiento del ciudadano es irrelevante al existir una base clientelar manipulada por las organizaciones políticas. Estas son las que acuden a cuanta barda sin pintar este libre para demostrar su apoyo con mensajes gastados, transparentes a la vista de los apáticos mientras que los ciudadanos sin filiación pero con preferencias políticas bien definidas son ignorados hasta por quienes simpatizan. Prefieren mantener la atención en los de siempre, en los convencidos por que ellos no cuestionan fallas ni observan malas decisiones. Nadie se quiere complicar.

Es así que mientras los candidatos de siempre buscan alianzas con otros colores diferentes los ciudadanos son relegados, apartados de pacto social; profundizando la ruptura.

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