Mensajes contradictorios
Hoy, casualmente, vi en una de las estaciones del metro un anuncio que llamó mi atención por muchos factores. Una imagen que abarcaba casi todo el espacio del anuncio en la que un soldado con uniforme de campaña sostiene una pieza de artillería de gran calibre. Arriba de él un mensaje que reza: “Porque sabemos que confías en nosotros seguimos luchando contra el crimen organizado“. Los firmantes de tal cosa era, ¿quien más?, el gobierno federal. Así, en chiquito. Pudiera parecer trivial que un anuncio despierte tanto sentimientos encontrados en un servidor pero no lo es si vemos un poco más a fondo la realidad que priva en la situación actual.
Al margen de la utilidad del ejército en labores de vigilancia y disuasión de conflictos internos es bien sabido que los mandos militares no son del todo partidarios de que degraden el honor castrense en simples tareas que obedecen a razones políticas. Sin embargo no por ello dejan de obedecer a quienes surten de dinero a las secretarías de defensa y marina. Pero ante esa evidente mala disposición y ganas de hacer la labor de policías, el gobierno federal ha respondido de la única forma que sabe hacerlo: mediante la transformación de la PFP en un brazo armado que responda a las necesidades de control sobre la población y nada más. Poco o nada se hace contra el crimen organizado quien vive una de sus mejores épocas al desplazar a los traficantes extranjeros y, además, expandir sus horizontes a aquellos países donde el crimen local ahora trabaja para el hampa de México.
Decir: “Porque sabemos que confías en nosotros” es una especie de reafirmación que responde a los altos niveles de desconfianza en los cuerpos de seguridad y militares que priva en la mayoría de la sociedad. De lo contrario tal slogan sería muy diferente y hablaría, en todo caso, de los logros obtenidos durante estos tres años de espuriato con el uso de las armas. Pero no hay tal cosa como un triunfo, ni una lucha frontal, ni una verdadera intención de ganar absolutamente nada que no sea tiempo y simpatías.
Cuando por fin termine esta fase de desgaste de los elementos que ensalzan al patriotismo más barato y ramplón quizás sea tarde para resarcir la golpeada confianza del público en sus cuerpos de seguridad los cuales siguen teniendo la bien ganada fama de represores.
La violencia que ha generado la necedad de Calderón en permanecer en una presidencia arrebatada no podría generar otra cosa más que violencia y una estela de muertos que nunca tendrán la justicia de un estado empecinado en convencer a quienes no tenemos ya pizca de confianza en quien porta un arma.
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